ღ MI AMOR POR TI ღ
Abrió
la puerta con cautela, esperando que ningún puercoespín azul la sorprendiera
repentinamente en su entrada. Debía ser sigilosa y extremadamente discreta en
ese momento si no quería que fuera descubierta.
Amy
cerró la puerta con lentitud, evitando producir cualquier ruido y dando largos
y acompasados pasos se acercó silenciosamente al salón. Nada más llegar, una
sonrisa de completa y absoluta ternura se dibujó en su rostro, acompañado de un
leve pero notorio rubor. La joven puercoespín no pudo contener un suspiro al
verlo.
El
susodicho erizo dormía plácidamente en el sofá, ocupando todo el mismo con su
tronco y sus extremidades desperdigadas. Un chili dog medio mordido descansaba
en su mano izquierda, amenazando con su caída inminente, pero el erizo lo
sujetaba con tanto ahínco que eso resultaría prácticamente imposible. Roncaba,
aunque no de manera ensordecedora, lo suficiente como para hacer perder los
estribos a algunas personas, como por ejemplo, a Knuckles. No obstante, Amy no
dejaba de admitarlo con ojos relucientes y soñadores.
«Awww…Sonic
se ve tan tierno…», pensó la eriza de cortas y rosadas púas, mirándolo con todo
el amor del mundo.
—Me
da pena despertarlo…—se lamentó ella, acercándose a su héroe azul. Soltó un
suspiro y observó detenidamente la tarta que tanto esfuerzo y dedicación le
había costado—. Me hacía ilusión darle el pastel…—volvió a suspirar.
Lo
que sucedió a continuación no se lo esperaba, pues parecía producto de una de
las innumerables ensoñaciones con su amado, por lo que ella abrió sus ojos jade
de forma descomunal y una expresión de completa estupefacción se hizo presente
en su sonrojado rostro.
Amy
le dirigió una maravillada y sorprendida mirada a Sonic, quien respondió con
uno de sus ronquidos. El erizo la había abrazado inconscientemente y la envolvía
con sus brazos de manera relajada, completamente ignorante de la situación. La eriza
se encontraba sobre él, inmóvil, incapaz de creer la realidad que estaba
viviendo, sin saber cómo debía actuar ante semejante circunstancia.
—S-Sonic…—balbuceó
ella, ruborizada, volteándose hacia él, quien continuaba durmiendo apaciblemente
y con una dulce sonrisa plasmada en su rostro. Amy enrojeció aún más con el
pensamiento de que esa sonrisa la había causado ella—. ¿Sonic…?
No
contestaba, mas a Amy no pareció
importarle. Su mirada se desvió hacia los labios de su amado héroe, los labios
que nunca había podido apreciar ni sentir como siempre había soñado. Se acercó
lentamente hacia su rostro, quedando tan solo a pocos centímetros, sintiendo su
acompasada respiración con mayor detalle.
Estaba
solo a nimios centímetros de besarle, ¡una distancia casi inexistente! Un
pequeño empujoncito y podría demostrarle al erizo que merodeaba simpre en sus
sueños el gran y creciente amor que sentía por él. ¡Solo tenía que dar un
paso!¡Un sencillo y simple paso y el
erizo caería a sus pies! Bueno, quizá exageraba un pelín… ¡pero ella no solía
encontrarse ante una situación así muy a menudo!
Se
inclinó ligeramente hacia él, decidida, y…
…
…
…
…
…
…como
mismo se acercó, se alejó de su rostro.
Amy
sacudió su cabeza, disipando sus anteriores y, he de decir, motivadores pensamientos,
para recapacitar más detalladamente la acción que había estado a punto de
cometer.
—Esto
no es correcto.—sentenció la eriza, negando con la cabeza en un intento de
autoconvencerse.
Y
tenía razón. ¿Qué ganaría con eso?
—Yo
quiero que mi primer beso con Sonic sea voluntario por su parte y no…no de esta
forma…—murmuró en voz baja, suspirando. Era consciente de que para que ese
momento ansiado llegara, debería esperar mucho tiempo, pero su amor era mucho
más fuerte—. Mi amor por ti no tiene límites ni fronteras; no tiene tiempo ni
espacio. Mi amor por ti, simplemente, es infinito.—comentó con dulzura,
observándolo mientras retiraba cuidadosamente sus brazos y se incorporaba.
Amy dejó el pastel en la nevera del puercoespín y
dejó una nota sobre la mesa frente al sofá, explicando la localización de este;
se acercó al recibidor de la casa y, tan sigilosa como había entrado, salió.
Mientras
tanto, el susodicho puercoespín que descansaba tranquilamente en el sillón,
aparentemente desconocedor de todo lo ocurrido, abrió uno de sus ojos esmeralda,
observando su alrededor.
Dando
un largo y sonoro bostezo, se incorporó en el sofá y lanzó un largo suspiro. Se
rascó su oreja mientras leía la nota que Amy
había dejado en la pequeña mesa, con una mirada llena de ternura y
tristeza.
En tu nevera una tarta hecha con mucho amor.
(Siento
no haber podido llenarla con todo, pero
es que como mi amor por ti no tiene espacio…).
¡Espero que disfrutes de ella, mi amado y
heroico Sonic!
Atte.
Amy
Rose
—Siento
ser un cobarde, Ames…Ojalá fuera tan valiente como tú…—soltó otro suspiro y
miró por la ventana, concretamente el camino donde se había ido la joven Rose—.
Si mi amor por ti fuera una carrera, francamente nunca la acabaría. Si mi amor
por ti fuera velocidad, los infinitos números no bastarían para contarlo—miró
de soslayo el sofá, donde momentos antes había estado Amy con él en su “insconciente”
abrazo—. Lo único que me falta es tu valor, Amy…tu valor.
Sonic
observó el paisaje que se encontraba en el exterior con nostalgia y melancolía.
Amaba a esa eriza que la perseguía; a esa eriza que le regalaba abrazos
tiernamente asfixiantes; a esa eriza que luchaba por él día y noche sin
descanso.
El
veloz puercoespín soltó otro enorme suspiro, mirando la lejanía con tristeza.
Sonic
quería y amaba a Amy, lo que le faltaba por hacer era…era demostrar que el amor
que sentía por ella era más fuerte que su timidez.
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