jueves, 9 de julio de 2015

Cap. 1 "Perdida"



              Las aventuras de Tamara
                          
                          
                                                             ✡ 1


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Negro. Así es como estoy viendo todo. Negro.
El suelo está terriblemente frío y no dejo de temblar.
Un dolor agudo azota mi cabeza sin descanso, y esta no para de darme vueltas.
¿Qué es lo que me pasa? Pero lo más importante… ¿¡Qué centellas me pasó!?
Eso me estoy preguntando ahora mismo, pero creo que lo mejor será intentar incorporarme, teniendo en cuenta que este dolor de cabeza no me deja pensar con tranquilidad.
Con las pocas fuerzas que tengo, me levanto tambaleándome e intento abrir los párpados lentamente.
Gracias a Chaos que es de noche, así no tengo que preocuparme por adaptarme a la luz, ¿no?
Una capa de nieve cubre el suelo y gran parte de los árboles pertenecientes al bosque donde me encuentro.
Ahora que lo pienso, no es que mi ropa sea muy “invernal”, ya que llevo una rebeca naranja sin asillas acabada en dos picos, que me llegan al final de la falda de mi vestido amarillo de volantes, por encima de las rodillas.
Al percatarme, retiro el pañuelo que sujetaba mis grises  y rizadas púas con mechas violetas y así cubro mi espalda hasta la cintura, intentando darme calor. Mis dientes comienzan a castañetear sin control. ¿Por qué tiene que ser invierno? ¿Por qué justamente esa estación? ¿No podía ser verano o primavera? Vuelvo  a tiritar.
Miro a mi alrededor en busca de alguna casa, edificio, o… ¡lo que sea que se relacione con las personas! Pero no veo nada, solo nieve, árboles, y más nieve y árboles.
La oscuridad no ayuda mucho, que digamos, considerando que da un aire tétrico al bosque y hace que visualice a los árboles como terribles monstruos que en vez de tener ramas tienen unas afiladas y largas garras.
Trago saliva y empiezo a caminar dando largos y sigilosos pasos, esperando no llamar la atención de ninguna bestia de la noche…Espera un segundo, ¿estoy asustada? ¿¡Estoy asustada!? ¿¡Yo, Tamara La Puercoespín, estoy asustada!? ¡Ja! ¡Ja! ¡Por supuesto que no! Solo…solo estoy preocupada por encontrar un lugar donde pasar la noche, nada más.
Mis amigos me solían etiquetar como “la valiente”, porque la palabra “miedo” no está en mi diccionario, eso está más que claro…Espera, ¿tengo amigos? ¿Tenía amigos?
Para ser sincera, no me acuerdo de nada en absoluto, solo que me desperté aquí, en mitad de la nada…y mi nombre, obviamente.
¿Qué habrá sido de mis amigos y mi familia? ¿Tenía alguna antes de estar aquí? ¿Qué estarán haciendo ahora mismo? ¿Estarán preocupados? ¿O soy una desgraciada huérfana antisocial que no conoce nada más allá de su habitación? ¿Cómo llegué aquí?
Al estar tan ensimismada en mis pensamientos, no me di cuenta de que hay alguien siguiéndome…o al menos yo siento que me están siguiendo.
Sin detener mi caminata y sin pensar en ningún momento voltearme a mirar, acelero mi paso y giro entre unos grandes árboles, desde donde los cuales empiezo a correr con todas mis fuerzas (o las pocas que me quedan, más bien).
Al hacer esto escucho los pasos de mi perseguidor, ya que para no perderme la pista está corriendo sin tener cuidado en no pisar ramas del suelo.
¿No ha funcionado? ¿Sigue tras de mí? ¿No se da por vencido?
Empiezo a correr con más intensidad y en zigzag entre los árboles, esperando que despiste a ese pesado acosador, a pesar de que mi energía está en las últimas y todos mis huesos tiemblan del cansancio.
« ¿Cómo rayos he acabado en esta situación?», me pregunto, al verme arrinconada contra una gran pared de rocas de lo que supongo que será el comienzo de una montaña.
Como está más claro que el agua que no puedo avanzar más, trepo por un árbol de mi derecha (creo que un roble, aunque no tengo tiempo para inspeccionar sus detalles de manera más amplia), subo a una de sus ramas más altas y me quedo quieta, inmóvil, intentando no emitir sonido alguno que vaya a delatar mi posición.
Distingo una difuminada mancha negra, que supongo que será mi insufrible seguidor, volteando a los lados buscando mi paradero sin éxito.
Bueno, es normal, ¿quién podría encontrar a una eriza de pelaje gris un poco oscuro a más de 5 metros de altura entre unas ramas de un gran roble taponado con sus hojas verde oscuro?
Está claro que él no, al menos.
— ¡Ja! Es obvio que no sabe con quién se mete ese entrometido. —digo para mí, soltando una pequeña risita.
Por ocurrencia del dichoso destino, mi “querido” acosador está levantando su vista hacia el exacto árbol donde me encuentro.
¿Cómo es posible? ¿Acaso me ha leído la mente? No, espera, eso es absurdo. ¿Me habrá escuchado, entonces? ¿Habré dicho eso en voz alta sin darme cuenta?
Sea lo que sea que le llamó la atención a ese tipo, se está acercando y está clavando en mí sus aterradores ojos rojos como la sangre…
¿No me digas que a ti no te daría “yuyu” estar en mitad de la noche, en mitad de un siniestro bosque escondiéndote de una siniestra persona cuyo siniestro pelaje se mimetiza con la siniestra oscuridad de la noche y cuyos siniestros ojos tan rojos como el carmesí que parecen que están ahí flotando sobre la nada se clavasen en ti?
Pues eso es lo que me está pasando a mí, y no he podido evitar pegar un pequeño saltito al sobresaltarme, ¿qué esperabas?
Bueno, no creo que…Oye, ahora que me doy cuenta… ¿por qué se  ha sorprendido tanto ahora mismo? ¿Será qué…? 
Estoy paralizada y no lo puedo creer, pero al pegar ese pequeño “saltito” me he tropezado en la rama y… ¡estoy cayendo! ¡No puedo soportar esta sensación al caer! ¡Qué mareo!
-¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!-grito aterrorizada mientras caigo al vacío.
Lo último que veo es una gran sacudida al caer y esos orbes rojos acercándose a mí…
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