sábado, 18 de julio de 2015

Cap. 3 "Nuevas Amigas"

                        Las aventuras de Tamara
                          
                          
                                                            ✡ 3

 


Un incesante ruido insoportable sigue sonando después de un siglo y pese a que dentro de poco acabará con lo que queda de mis tímpanos, me da pereza levantarme para pararlo.
Luego de aproximadamente treinta segundos, me doy por vencida y abro uno de mis ojos azul cobalto para fulminar con la mirada al odioso objeto. Para mi desgracia, este no se inmuta y sigue chirriando, jactándose de poder disfrutar molestándome continuamente.
— ¡A callar!—exclamo, dando tal fuerte golpe al pequeño aparato que acaba por caérsele las pilas—. ¿Y ahora quién se ríe?—inquiero victoriosa, sacándole la lengua al reloj-despertador.
Unos instantes más tarde, al darme cuenta de mi infantil comportamiento, suelto un largo suspiro y me vuelvo a tumbar en la cama de Cream.
La pequeña conejita lleva toda esta semana dejándome dormir en su cuarto mientras ella duerme con su madre, o al menos en la cama de esta, ya que Vanilla pasa más tiempo en su trabajo que en su propia casa.
Es por eso que la niña se alegra en gran manera poder estar conmigo, ya que se ve sola la mayor parte del tiempo y siente que Cheese es la única que no se aparta de su lado.
Yo me pregunto al pensar en esto: ¿La pequeña Cream no tiene amigos?
Frunzo el ceño con la pregunta, ya que la considero inverosímil.
Cream es demasiado dulce, amable y cariñosa como para ser ermitaña. Algún amigo tendrá que tener.
Cierro los ojos para volverme a sumergir en el mar de los sueños, pero a mi mente le llegan miles de preguntas más. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Lo descubriré pronto? ¿Esta amnesia me perseguirá durante toda mi vida ausente de recuerdos de mi pasado?
Sacudo la cabeza con tristeza. No quiero pensar en eso. ¿Vivir sin saber quién eres? ¿Verte excluido en un mundo donde todos saben quiénes son, excepto tú? Eso sería horrible.
Luego de varios intentos más por conciliar el sueño, descubro que estoy desvelada y que el culpable es el odioso despertador, así que lo señalo con mi dedo acusador y deseo que nunca jamás recupere sus pilas, mientras las escondo bajo la cama.
— ¡Bueno, pues a bajar se ha dicho!—anuncio con un entusiasmo que no siento, para caerme de bruces al suelo (otra vez) —. ¿Pero qué centellas me pasa? ¡¡Ya es la milésima vez esta semana!!—me quejo, levantándome y cogiendo las muletas que había olvidado.

Cojo una bocanada de aire y suspiro.
—Oye, Cream, ¿Vanilla ya se marchó?—inquiero, observando a Cheese, que revolotea sobre el salón con aburrimiento.
—Sí…—responde con desánimo, pero intenta ocultarlo mostrando una sonrisa—. ¡A mamá le encanta su trabajo! Es médico, ¿sabías?—se sienta a mi lado para relatarme una historia y yo me acomodo—. Un día, cuando tenía más o menos mi edad, iba caminando por la calle cuando vio a un niño herido llorando. Mamá no dudó ni un segundo en ayudarlo y le desinfectó, limpió y vendó su herida. Así fue cómo decidió estudiar Medicina. Desde ese momento supo que quería socorrer a todos aquellos que hubieran tenido accidentes o enfermedades, para así borrarles la tristeza y dibujarles una sonrisa en la cara. —me cuenta, sonriendo.
—Qué bonito. —opino, devolviéndole la sonrisa.
Sin embargo, rápidamente la sonrisa se le borra de la cara y yo la miro confundida.
—Pero mamá pasa demasiado tiempo fuera trabajando…—dice con notoria tristeza—. ¡No es que no quiera que ayude a los que la necesitan! Es solo que a veces pienso…que disfruta más con su trabajo que conmigo…—se lamenta, bajando la cabeza.
Cheese la abraza para infundirle ánimos y yo la imito.
—No creo que sea eso—niego, sonriendo—. De seguro solo quiere estar contigo, pero en el trabajo la necesitan y no puede negarse para que no la echen—le guiño un ojo al separarnos—. No te preocupes, que eres lo más importante para ella.
Cream sonríe y me abraza más fuerte.
— ¡Muchas gracias, Tamita!—exclama sin separarse de mí.
Yo no la aparto, aunque me está empezando a aplastar los pulmones.
Si ella está feliz, yo estoy feliz. No hay nada como ver a tus amigos contentos, excepto el haber sido tú la causa de su alegría.
Un segundo, ¿cómo me llamó…?
— ¿Tam…Tamita?—repito sin entender.
Cream sonríe tímidamente y se encoge de hombros.
—Perdona, es solo que pensé en ponerte un apodo…
—Me gusta, es solo que…no estoy acostumbrada…—le digo—. Ten en cuenta que no recuerdo nada sobre mí…
Cream asiente y se levanta de un salto con entusiasmo.
— ¡Te ayudaré a recordar, Tamita—manifiesta, alzando el puño.
Le doy una sonrisa de agradecimiento y volteo a mirar por la ventana.
A lo mejor solo son imaginaciones mías, pero siento como si me estuvieran observando.
Un escalofrío me recorre la columna vertebral al recordar aquellos ojos rojos como la sangre. ¡Ojalá no haya sido ese tipo quien me observaba!
— ¿Ocurre algo, Tamita?
Me había olvidado por completo de Cream.
Niego con la cabeza sin quitar ojo de la ventana, pero sigo sin ver nada sospechoso.
— ¿Seguro?
A la pequeña no le conté nada sobre mi perseguidor, acosador o intento de homicida para no preocuparla. ¿Cómo le diría que un tipo me perseguía por el bosque y que por su culpa perdí la consciencia sin asustarla?
—Tan seguro como que el cielo es azul. —le quito importancia, guiñándole un ojo.
Dicho eso, como por arte de magia, el cielo se torna de un tono tan gris como mi pelaje y comienza a llover. ¿Eso es normal?
Pero la cosa no acaba ahí, ya que un repentino grito agudo me saca aún más de mis casillas. ¿¡Es eso normal también!?
— ¿¡Qué es eso!?
Cream sonríe en gran manera y va corriendo hacia la entrada.
Yo me asomo por el marco del comedor y aguzo el oído, solamente para saber quién rayos gritó así y cómo es que la niña no se asustó.
— ¡Amy! ¡Amy, hola!—saluda a la supuesta “Amy”, obviamente.
—Ah, hola, Cream…—responde ella con una notable tristeza.
— ¿Otra vez el señor Sonic?—adivina Cream.
—Sí, lo de siempre…—dice como para quitarle importancia, pero entonándolo de tal forma que le da muchísima más—. Solamente lo saludé contentísima al verlo salir del taller de Tails y él, como siempre que me ve, puso una excusa y se fue pitando…
¿Sonic? ¿Tails? ¿Quiénes son? Será mejor seguir escuchando…
— ¿Qué excusa dijo?
—“Oh, Amy…Eh… Yo…Eh… ¿Eh? ¿Oyes eso? ¡Es Tails y requiere mi ayuda! Eh, ¡nos vemos más tarde!”—Dijo Amy imitando la voz del “señor Sonic”—. ¡Y se marchó, así sin más!
A lo mejor es cosa mía, pero creo estar oyendo cómo estalla en lágrimas. Pobrecilla…Me da mucha pena… Parezco estar ante un caso de “amor no correspondido”.
—Cuánto lo siento, Amy… ¿Quieres pasar y seguir hablando con nosotras?—la oigo preguntar mientras las escucho acercarse.
— ¿Cómo que “con nosotras”? ¿Tu madre volvió del trabajo tan pronto?
—No, no—niega algo triste, pero se recompone rápido—. Me refiero a Tamita. —añade, esbozando una sonrisa al aparecer junto a mí con su invitada.
En pocos segundos, en los que ni me dio tiempo de colocarme en el sillón como si no hubiera estado escuchando en absoluto, me encuentro con Amy plantada en el comedor observándome sorprendida.
Al parecer es una eriza rosada con unas cortas púas del mismo color, tres mechones cayéndole en su frente y unos ojos jade. Lleva un vestido rojo con detalles blancos un poco más corto que el mío y unas botas a juego. Es unos centímetros más baja que yo, por lo que supongo que tendrá menos años. Yo tengo quince, por cierto.
—Eh, hola...Amy…—sonrío estrechándole la mano—. Encantada, soy Tamara.
—Hola, Tamara. Lo mismo digo. —responde sonriendo y se sienta a la izquierda de Cream.

Amy frunce el ceño, como analizando todo lo que acababa de contar por segunda vez.
Tendré que acostumbrarme, puesto que estoy absolutamente segura de que volveré a relatar mi extraña y confusa historia más veces.
—Entonces… ¿sufres de amnesia?—pregunta, a lo que yo asiento con la cabeza.
—Es la única explicación que encuentro, pero lo que realmente me preocupa es si recuperaré la memoria algún día…—me lamento, bajando las orejas con tristeza.
Cream me abraza y yo sonrío, mas Amy sigue frunciendo el ceño. ¿Qué le estará pasando por la cabeza ahora?
—Sigo sin entender algo…—murmura la eriza de brazos cruzados—. Si tú despertaste en el bosque y no viniste aquí, ¿quién te trajo?
Me encojo de hombros, dando a entender que yo tampoco tengo idea.
—¿Sabes cómo te hiciste las heridas?
Una sucesión de imágenes pasa repentinamente por mi mente y del sobresalto caigo al suelo.
— ¡Tamita! ¡Tamita! ¿Estás bien?—inquiere Cream asustada.
— ¡Tamara, responde!
Me sobo la cabeza y sonrío despreocupadamente, para después levantarme y volverme a sentar.
Pese a que me vino a la mente algo pasado en el bosque, pasó a tanta velocidad que no pude retener absolutamente nada.
—Estoy bien, solo es que recordé algo…
Amy se acercó repentinamente.
—¿Sobre tu pasado? ¡Dínoslo, por favor!
—Eh, no…—niego con la cabeza—. Sobre…otra cosa. Nada importante.
Amy suelta un “no, no” y me mira con una sonrisa llena de determinación.
—Si queremos que recuperes tu memoria, tenemos que tener en cuenta todos los pequeños detalles—repone—. ¡Los pequeños detalles pueden ser la clave para recuperar tu memoria, Tamara!
Me froto la nuca mientras sonrío.
—Si recuerdo algo, te lo diré, ¿vale?
—¡El Team Rose averiguará y te ayudará a recordar tu pasado, Tamita!—exclama repentinamente, asustándonos. De la nada apareció empuñando un gran martillo (el Piko Piko Hammer) en alto—. ¡O no me llamo Amy Rose!
Una gotita me baja por la sien y volteo a mirar a la pequeña.
—¿De dónde sacó ese martillo?
—Esa es una de las preguntas de la vida a la que yo aún no he encontrado respuesta.—responde Cream, riéndose y encogiéndose de hombros.
Yo río.
—¡Oigan, que sigo aquí!—se queja ella, frunciendo el ceño.
La verdad es que asusta cuando se enfada, ¡y más teniendo en mano esa cosa! Pero tiene buenas intenciones.
—Ehm…Muchas gracias, chicas, aunque no creo que haga falta…—le quito importancia, intentando ocultar mi tristeza, pero sin pasar inadvertida frente a las demás.
Ellas solo me abrazan con cariño.
—Te ayudaremos, Tamita.
Unas lágrimas se deslizan por mis mejillas sin haberme pedido permiso y les devuelvo el abrazo. Pese a que casi no las conozco, se han ganado mi confianza con mucha facilidad. Soy demasiado confianzuda, no tengo remedio. Es uno de mis innumerables defectos.
—Gracias…—agradezco, en un susurro ahogado por mi llanto.
Menos mal que nadie me ha visto llorar.











lunes, 13 de julio de 2015

Especial Sonamy "Mi amor por ti"





   

      MI AMOR POR TI



Abrió la puerta con cautela, esperando que ningún puercoespín azul la sorprendiera repentinamente en su entrada. Debía ser sigilosa y extremadamente discreta en ese momento si no quería que fuera descubierta.
Amy cerró la puerta con lentitud, evitando producir cualquier ruido y dando largos y acompasados pasos se acercó silenciosamente al salón. Nada más llegar, una sonrisa de completa y absoluta ternura se dibujó en su rostro, acompañado de un leve pero notorio rubor. La joven puercoespín no pudo contener un suspiro al verlo.
El susodicho erizo dormía plácidamente en el sofá, ocupando todo el mismo con su tronco y sus extremidades desperdigadas. Un chili dog medio mordido descansaba en su mano izquierda, amenazando con su caída inminente, pero el erizo lo sujetaba con tanto ahínco que eso resultaría prácticamente imposible. Roncaba, aunque no de manera ensordecedora, lo suficiente como para hacer perder los estribos a algunas personas, como por ejemplo, a Knuckles. No obstante, Amy no dejaba de admitarlo con ojos relucientes y soñadores.
«Awww…Sonic se ve tan tierno…», pensó la eriza de cortas y rosadas púas, mirándolo con todo el amor del mundo.
—Me da pena despertarlo…—se lamentó ella, acercándose a su héroe azul. Soltó un suspiro y observó detenidamente la tarta que tanto esfuerzo y dedicación le había costado—. Me hacía ilusión darle el pastel…—volvió a suspirar.
Lo que sucedió a continuación no se lo esperaba, pues parecía producto de una de las innumerables ensoñaciones con su amado, por lo que ella abrió sus ojos jade de forma descomunal y una expresión de completa estupefacción se hizo presente en su sonrojado rostro.
Amy le dirigió una maravillada y sorprendida mirada a Sonic, quien respondió con uno de sus ronquidos. El erizo la había abrazado inconscientemente y la envolvía con sus brazos de manera relajada, completamente ignorante de la situación. La eriza se encontraba sobre él, inmóvil, incapaz de creer la realidad que estaba viviendo, sin saber cómo debía actuar ante semejante circunstancia.
—S-Sonic…—balbuceó ella, ruborizada, volteándose hacia él, quien continuaba durmiendo apaciblemente y con una dulce sonrisa plasmada en su rostro. Amy enrojeció aún más con el pensamiento de que esa sonrisa la había causado ella—. ¿Sonic…?
No contestaba,  mas a Amy no pareció importarle. Su mirada se desvió hacia los labios de su amado héroe, los labios que nunca había podido apreciar ni sentir como siempre había soñado. Se acercó lentamente hacia su rostro, quedando tan solo a pocos centímetros, sintiendo su acompasada respiración con mayor detalle.
Estaba solo a nimios centímetros de besarle, ¡una distancia casi inexistente! Un pequeño empujoncito y podría demostrarle al erizo que merodeaba simpre en sus sueños el gran y creciente amor que sentía por él. ¡Solo tenía que dar un paso!¡Un  sencillo y simple paso y el erizo caería a sus pies! Bueno, quizá exageraba un pelín… ¡pero ella no solía encontrarse ante una situación así muy a menudo!
Se inclinó ligeramente hacia él, decidida, y…
…como mismo se acercó, se alejó de su rostro.
Amy sacudió su cabeza, disipando sus anteriores y, he de decir, motivadores pensamientos, para recapacitar más detalladamente la acción que había estado a punto de cometer.
—Esto no es correcto.—sentenció la eriza, negando con la cabeza en un intento de autoconvencerse.
Y tenía razón. ¿Qué ganaría con eso?
—Yo quiero que mi primer beso con Sonic sea voluntario por su parte y no…no de esta forma…—murmuró en voz baja, suspirando. Era consciente de que para que ese momento ansiado llegara, debería esperar mucho tiempo, pero su amor era mucho más fuerte—. Mi amor por ti no tiene límites ni fronteras; no tiene tiempo ni espacio. Mi amor por ti, simplemente, es infinito.—comentó con dulzura, observándolo mientras retiraba cuidadosamente sus brazos y se incorporaba.
Amy  dejó el pastel en la nevera del puercoespín y dejó una nota sobre la mesa frente al sofá, explicando la localización de este; se acercó al recibidor de la casa y, tan sigilosa como había entrado, salió.
Mientras tanto, el susodicho puercoespín que descansaba tranquilamente en el sillón, aparentemente desconocedor de todo lo ocurrido, abrió uno de sus ojos esmeralda, observando su alrededor.
Dando un largo y sonoro bostezo, se incorporó en el sofá y lanzó un largo suspiro. Se rascó su oreja mientras leía la nota que Amy  había dejado en la pequeña mesa, con una mirada llena de ternura y tristeza.
                        En tu nevera una tarta hecha con mucho amor.
(Siento no haber podido llenarla con todo, pero
 es que como mi amor por ti no tiene espacio…).
 ¡Espero que disfrutes de ella, mi amado y heroico Sonic!
                                               Atte.   
                                                                       Amy Rose
—Siento ser un cobarde, Ames…Ojalá fuera tan valiente como tú…—soltó otro suspiro y miró por la ventana, concretamente el camino donde se había ido la joven Rose—. Si mi amor por ti fuera una carrera, francamente nunca la acabaría. Si mi amor por ti fuera velocidad, los infinitos números no bastarían para contarlo—miró de soslayo el sofá, donde momentos antes había estado Amy con él en su “insconciente” abrazo—. Lo único que me falta es tu valor, Amy…tu valor.
Sonic observó el paisaje que se encontraba en el exterior con nostalgia y melancolía. Amaba a esa eriza que la perseguía; a esa eriza que le regalaba abrazos tiernamente asfixiantes; a esa eriza que luchaba por él día y noche sin descanso.
El veloz puercoespín soltó otro enorme suspiro, mirando la lejanía con tristeza.
Sonic quería y amaba a Amy, lo que le faltaba por hacer era…era demostrar que el amor que sentía por ella era más fuerte que su timidez.