✡ 3 ✡
Un incesante ruido insoportable sigue sonando después de un siglo y pese
a que dentro de poco acabará con lo que queda de mis tímpanos, me da pereza
levantarme para pararlo.
Luego de aproximadamente treinta segundos, me doy por vencida y abro uno
de mis ojos azul cobalto para fulminar con la mirada al odioso objeto. Para mi
desgracia, este no se inmuta y sigue chirriando, jactándose de poder disfrutar
molestándome continuamente.
— ¡A callar!—exclamo, dando tal fuerte golpe al pequeño aparato que acaba
por caérsele las pilas—. ¿Y ahora quién se ríe?—inquiero victoriosa, sacándole
la lengua al reloj-despertador.
Unos instantes más tarde, al darme cuenta de mi infantil comportamiento,
suelto un largo suspiro y me vuelvo a tumbar en la cama de Cream.
La pequeña conejita lleva toda esta semana dejándome dormir en su cuarto
mientras ella duerme con su madre, o al menos en la cama de esta, ya que Vanilla
pasa más tiempo en su trabajo que en su propia casa.
Es por eso que la niña se alegra en gran manera poder estar conmigo, ya
que se ve sola la mayor parte del tiempo y siente que Cheese es la única que no
se aparta de su lado.
Yo me pregunto al pensar en esto: ¿La pequeña Cream no tiene amigos?
Frunzo el ceño con la pregunta, ya que la considero inverosímil.
Cream es demasiado dulce, amable y cariñosa como para ser ermitaña. Algún
amigo tendrá que tener.
Cierro los ojos para volverme a sumergir en el mar de los sueños, pero a
mi mente le llegan miles de preguntas más. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Lo
descubriré pronto? ¿Esta amnesia me perseguirá durante toda mi vida ausente de
recuerdos de mi pasado?
Sacudo la cabeza con tristeza. No quiero pensar en eso. ¿Vivir sin saber
quién eres? ¿Verte excluido en un mundo donde todos saben quiénes son, excepto
tú? Eso sería horrible.
Luego de varios intentos más por conciliar el sueño, descubro que estoy
desvelada y que el culpable es el odioso despertador, así que lo señalo con mi
dedo acusador y deseo que nunca jamás recupere sus pilas, mientras las escondo
bajo la cama.
— ¡Bueno, pues a bajar se ha dicho!—anuncio
con un entusiasmo que no siento, para caerme de bruces al suelo (otra vez) —.
¿Pero qué centellas me pasa? ¡¡Ya es la milésima vez esta semana!!—me quejo,
levantándome y cogiendo las muletas que había olvidado.
Cojo una bocanada de aire y suspiro.
—Oye, Cream, ¿Vanilla ya se marchó?—inquiero, observando a Cheese, que
revolotea sobre el salón con aburrimiento.
—Sí…—responde con desánimo, pero intenta ocultarlo mostrando una
sonrisa—. ¡A mamá le encanta su trabajo! Es médico, ¿sabías?—se sienta a mi
lado para relatarme una historia y yo me acomodo—. Un día, cuando tenía más o
menos mi edad, iba caminando por la calle cuando vio a un niño herido llorando.
Mamá no dudó ni un segundo en ayudarlo y le desinfectó, limpió y vendó su
herida. Así fue cómo decidió estudiar Medicina. Desde ese momento supo que
quería socorrer a todos aquellos que hubieran tenido accidentes o enfermedades,
para así borrarles la tristeza y dibujarles una sonrisa en la cara. —me cuenta,
sonriendo.
—Qué bonito. —opino, devolviéndole la sonrisa.
Sin embargo, rápidamente la sonrisa se le borra de la cara y yo la miro
confundida.
—Pero mamá pasa demasiado tiempo fuera trabajando…—dice con notoria
tristeza—. ¡No es que no quiera que ayude a los que la necesitan! Es solo que a
veces pienso…que disfruta más con su trabajo que conmigo…—se lamenta, bajando
la cabeza.
Cheese la abraza para infundirle ánimos y yo la imito.
—No creo que sea eso—niego, sonriendo—. De seguro solo quiere estar
contigo, pero en el trabajo la necesitan y no puede negarse para que no la
echen—le guiño un ojo al separarnos—. No te preocupes, que eres lo más
importante para ella.
Cream sonríe y me abraza más fuerte.
— ¡Muchas gracias, Tamita!—exclama sin separarse de mí.
Yo no la aparto, aunque me está empezando a aplastar los pulmones.
Si ella está feliz, yo estoy feliz. No hay nada como ver a tus amigos
contentos, excepto el haber sido tú la causa de su alegría.
Un segundo, ¿cómo me llamó…?
— ¿Tam…Tamita?—repito sin entender.
Cream sonríe tímidamente y se encoge de hombros.
—Perdona, es solo que pensé en ponerte un apodo…
—Me gusta, es solo que…no estoy acostumbrada…—le digo—. Ten en cuenta que
no recuerdo nada sobre mí…
Cream asiente y se levanta de un salto con entusiasmo.
— ¡Te ayudaré a recordar, Tamita—manifiesta, alzando el puño.
Le doy una sonrisa de agradecimiento y volteo a mirar por la ventana.
A lo mejor solo son imaginaciones mías, pero siento como si me estuvieran
observando.
Un escalofrío me recorre la columna vertebral al recordar aquellos ojos
rojos como la sangre. ¡Ojalá no haya sido ese tipo quien me observaba!
— ¿Ocurre algo, Tamita?
Me había olvidado por completo de Cream.
Niego con la cabeza sin quitar ojo de la ventana, pero sigo sin ver nada
sospechoso.
— ¿Seguro?
A la pequeña no le conté nada sobre mi perseguidor, acosador o intento de
homicida para no preocuparla. ¿Cómo le diría que un tipo me perseguía por el
bosque y que por su culpa perdí la consciencia sin asustarla?
—Tan seguro como que el cielo es azul. —le quito importancia, guiñándole
un ojo.
Dicho eso, como por arte de magia, el cielo se torna de un tono tan gris
como mi pelaje y comienza a llover. ¿Eso es normal?
Pero la cosa no acaba ahí, ya que un repentino grito agudo me saca aún
más de mis casillas. ¿¡Es eso normal también!?
— ¿¡Qué es eso!?
Cream sonríe en gran manera y va corriendo hacia la entrada.
Yo me asomo por el marco del comedor y aguzo el oído, solamente para
saber quién rayos gritó así y cómo es que la niña no se asustó.
— ¡Amy! ¡Amy, hola!—saluda a la supuesta “Amy”, obviamente.
—Ah, hola, Cream…—responde ella con una notable tristeza.
— ¿Otra vez el señor Sonic?—adivina Cream.
—Sí, lo de siempre…—dice como para quitarle importancia, pero entonándolo
de tal forma que le da muchísima más—. Solamente lo saludé contentísima al
verlo salir del taller de Tails y él, como siempre que me ve, puso una excusa y
se fue pitando…
¿Sonic? ¿Tails? ¿Quiénes son? Será mejor seguir escuchando…
— ¿Qué excusa dijo?
—“Oh, Amy…Eh… Yo…Eh… ¿Eh? ¿Oyes
eso? ¡Es Tails y requiere mi ayuda! Eh, ¡nos vemos más tarde!”—Dijo Amy
imitando la voz del “señor Sonic”—. ¡Y se marchó, así sin más!
A lo mejor es cosa mía, pero creo estar oyendo cómo estalla en lágrimas.
Pobrecilla…Me da mucha pena… Parezco estar ante un caso de “amor no
correspondido”.
—Cuánto lo siento, Amy… ¿Quieres pasar y seguir hablando con nosotras?—la
oigo preguntar mientras las escucho acercarse.
— ¿Cómo que “con nosotras”? ¿Tu madre volvió del trabajo tan pronto?
—No, no—niega algo triste, pero se recompone rápido—. Me refiero a Tamita.
—añade, esbozando una sonrisa al aparecer junto a mí con su invitada.
En pocos segundos, en los que ni me dio tiempo de colocarme en el sillón
como si no hubiera estado escuchando en absoluto, me encuentro con Amy plantada
en el comedor observándome sorprendida.
Al parecer es una eriza rosada con unas cortas púas del mismo color, tres
mechones cayéndole en su frente y unos ojos jade. Lleva un vestido rojo con
detalles blancos un poco más corto que el mío y unas botas a juego. Es unos
centímetros más baja que yo, por lo que supongo que tendrá menos años. Yo tengo
quince, por cierto.
—Eh, hola...Amy…—sonrío estrechándole la mano—. Encantada, soy Tamara.
—Hola, Tamara. Lo mismo digo. —responde
sonriendo y se sienta a la izquierda de Cream.
Amy frunce el ceño, como analizando todo lo que acababa de contar por
segunda vez.
Tendré que acostumbrarme, puesto que estoy absolutamente segura de que
volveré a relatar mi extraña y confusa historia más veces.
—Entonces… ¿sufres de amnesia?—pregunta, a lo que yo asiento con la
cabeza.
—Es la única explicación que encuentro, pero lo que realmente me preocupa
es si recuperaré la memoria algún día…—me lamento, bajando las orejas con
tristeza.
Cream me abraza y yo sonrío, mas Amy sigue frunciendo el ceño. ¿Qué le
estará pasando por la cabeza ahora?
—Sigo sin entender algo…—murmura la eriza de brazos cruzados—. Si tú
despertaste en el bosque y no viniste aquí, ¿quién te trajo?
Me encojo de hombros, dando a entender que yo tampoco tengo idea.
—¿Sabes cómo te hiciste las heridas?
Una sucesión de imágenes pasa repentinamente por mi mente y del
sobresalto caigo al suelo.
— ¡Tamita! ¡Tamita! ¿Estás bien?—inquiere Cream asustada.
— ¡Tamara, responde!
Me sobo la cabeza y sonrío despreocupadamente, para después levantarme y
volverme a sentar.
Pese a que me vino a la mente algo pasado en el bosque, pasó a tanta
velocidad que no pude retener absolutamente nada.
—Estoy bien, solo es que recordé algo…
Amy se acercó repentinamente.
—¿Sobre tu pasado? ¡Dínoslo, por favor!
—Eh, no…—niego con la cabeza—. Sobre…otra cosa. Nada importante.
Amy suelta un “no, no” y me mira con una sonrisa llena de determinación.
—Si queremos que recuperes tu memoria, tenemos que tener en cuenta todos
los pequeños detalles—repone—. ¡Los pequeños detalles pueden ser la clave para
recuperar tu memoria, Tamara!
Me froto la nuca mientras sonrío.
—Si recuerdo algo, te lo diré, ¿vale?
—¡El Team Rose averiguará y te ayudará a recordar tu pasado,
Tamita!—exclama repentinamente, asustándonos. De la nada apareció empuñando un
gran martillo (el Piko Piko Hammer) en alto—. ¡O no me llamo Amy Rose!
Una gotita me baja por la sien y volteo a mirar a la pequeña.
—¿De dónde sacó ese martillo?
—Esa es una de las preguntas de la vida a la que yo aún no he encontrado
respuesta.—responde Cream, riéndose y encogiéndose de hombros.
Yo río.
—¡Oigan, que sigo aquí!—se queja ella, frunciendo el ceño.
La verdad es que asusta cuando se enfada, ¡y más teniendo en mano esa
cosa! Pero tiene buenas intenciones.
—Ehm…Muchas gracias, chicas, aunque no creo que haga falta…—le quito
importancia, intentando ocultar mi tristeza, pero sin pasar inadvertida frente
a las demás.
Ellas solo me abrazan con cariño.
—Te ayudaremos, Tamita.
Unas lágrimas se deslizan por mis mejillas sin haberme pedido permiso y
les devuelvo el abrazo. Pese a que casi no las conozco, se han ganado mi
confianza con mucha facilidad. Soy demasiado confianzuda, no tengo remedio. Es
uno de mis innumerables defectos.
—Gracias…—agradezco, en un susurro ahogado por mi llanto.
Menos mal que nadie me ha visto llorar.